Vida

"La casa de papel" en cuarentena

Ni lo hubiera pensado tanto. La madre de Úrsula Corberó, doña Esther, debió llamarla Tokio, así le dicen todos ahora.

La serie en la que actúa, La casa del papel, le cambió el nombre a ella y sus demás compañeros, por eso, para fines de este texto, lo mejor sería dar continuidad a esta idea: Jaime Lorente es Denver, Enrique Arce es Arturito, Esther Acebo es Estocolmo y José Manuel Poga es Gandía.

Protagonizan la historia de habla no inglesa más exitosa de Netflix: 34 millones de personas vieron la tercera temporada, y se espera el mismo éxito para la cuarta, que estrena hoy.

La trama va de un grupo de parias que roban a lo grande. Esta vez buscan el oro del Banco de España para presionar al gobierno y rescatar a uno de los suyos, sólo que ahora deben burlar a la muerte y sobrevivir a su encierro. Todo es simbólico: los asaltantes van contra el sistema, por eso atracan el edificio del Banco de España que recuerda mucho a las estructuras creadas durante el franquismo. Nadie en el exterior, rodeado de policías, sabe qué pasa adentro, con rehenes: las emociones de ese encierro se potencian.

Se ama con locura, se sufre con locura y también se llora con locura. Así es el encierro.

“Es una especie de Gran Hermano: si juntas a una serie de personas encerrados en el mismo sitio durante un tiempo, todo lo que sucede cobra una magnitud de la leche”, considera Denver en videoconferencia. Luego Jaime Lorente, es decir, él mismo, continúa: “Creo que ahora mismo nosotros lo estamos viviendo en casa. Yo ahora todo lo vivo como un gran drama, como una gran tragedia o como una gran comedia. Todo lo intensifico muchísimo”, se confiesa.

Los actores hablan con EL UNIVERSAL desde casa. Es fin de marzo y España, su país, es uno de los más afectados por la pandemia del Covid-19; el foco infeccioso ha hecho que la cuarentena parezca eterna y que las noticias les hablen, en ese momento, de 4 mil muertos y 56 mil infectados.

Hasta la confesión de Jaime, todos se lucían en sus alter ego: Tokio presumía el valor que adquirirá, Estocolmo su aprendizaje, Gandía su sangre fría y Arturito sus límites. Luego reconocieron estar en otro tono, lo difícil que es aligerarse en un momento así, por eso, para fines de la entrevista y este texto, lo mejor sería recular y llamarlos nuevamente como lo hacen en sus casas.

La de Úrsula está muy bien iluminada, es de piso de madera y paredes grises con puertas blancas; hay un ventanal grande que su Tokio rompería si pudiera. A ella le sirve para resguardarse en esta cuarentena. “Es un momento de muchísima incertidumbre para todos”, se sincera. “Si se me da la oportunidad de poder decir algo a la gente, sería que se queden en casa. Seamos responsables, quien no tiene que salir por obligación, que se quede”.

Hurga en su actitud positiva, es sólo que, lo asume, hay que darse permiso también de “tener días de mierda”: “Es normal. Estamos encerrados en casa y nadie está acostumbrado a eso”. Jaime le da continuidad, a Denver no le importaría pero, los de él han sido días malos: “Soy muy intenso, todo lo magnifico mucho, no puedo dar ningún consejo porque lo estoy llevando bastante mal”, acepta.

Llama a la paciencia y que ojalá la serie sirva de analogía: un grupo de personas encerradas que salen airosos de una prueba. Esther se parece a su Estocolmo, es apacible y busca lo positivo, antes de la charla formal ya sonreía mostrando una escultura, regalo de una prima. “Ojalá seamos capaces y replanteemos la importancia de las cosas. Ahora echamos de menos un abrazo, y antes tampoco lo valoramos tanto”, remarca.

Los actores que interpretan a malos parecen estar más adaptados. Enrique y José Manuel recomiendan lo impensable: no ver siempreLa casa de papel.

Al primero le han dicho que la serie es tan emocional, que la gente sale a fumar de capítulo en capítulo. “Pues ahora no vas a poder, si te da demasiada ansiedad no te veas todos”, aconseja. José Manuel continúa: “La casa de papel es dura y la vida es dura, estos momentos son duros, hay que tener esperanza. Y sí, no te pegues la atragantada de capítulos a la vez”. Su sinceridad hace que todos rían: “Es que te quedas vacío, si te lo ves de tirón. Te quedas vacío”, remarca y los demás asienten, como si quisieran descansar de casa.