Tecnología

El COVID-19 puso en jaque a la economía colaborativa

El COVID-19 puso en jaque a la economía colaborativa
En medio de una pandemia, los modelos en los que la tecnología es un habilitador para promover oferta y demanda, con base en movimiento de personas, objetos o préstamo de bienes se torna riesgoso.

Mientras las tecnológicas cuyo negocio se basa en el comercio electrónico se anota nuevos consumidores durante la pandemia y proyecciones de 60% al alza al cierre de 2020, las empresas cuyo modelo tiene como objetivo el compartir bienes físicos y unir por internet a la oferta y la demanda de usuarios se han visto impactadas.

El confinamiento forzado de los últimos meses por la crisis sanitaria del COVID-19 ha impactado a firmas representantes de la economía colaborativa como Uber, Airbnb o We Work, pues la gente ha reducido su movilidad a la par que la baja en los ingresos económicos han mermado la capacidad de consumo de la gente de productos como el transporte privado por apps o el delivery de comida. Incluso quienes solían trabajar en espacios colaborativos ya no los requieren pues muchos han cambiado las oficinas por el Home Office.

Para la consultora PWC, la economía colaborativa llegaría a un valor de mercado 335,000 millones de dólares en 2025; sin embargo, sus analistas ahora prevén un cambio en la conducta del consumidor a consecuencia de la pandemia.

Si bien Uber anunció que su negocio de entrega de comida, Ubereats, creció 54% durante los primeros tres meses del año, su negocio de viajes- que representa su operación central- cayó 3% y en el balance la empresa reportó pérdidas por 2,900 millones de dólares; esto en consecuencia derivó en el cierre de siete mercados de UberEats y la transferencia de operación de su negocio de micromovilidad en bicicletas compartidas, JUMP, a su competidor Lime. En la Ciudad de México, el reflejo de dicha medida, implicó el cese de operaciones de las bicicletas a menos de un año de su llegada al mercado.

"Hay evidencia de que el COVID-19 altera de forma permanente el consumo. Habrá implicaciones de largo plazo para industrias como retail, transporte, viajes y otros. Estas organizaciones deberán adaptarse a prisa para servir al nuevo consumidor y sobrevivir”, citó Jesús Mantas, analista de servicios de IBM en el reporte de IBM sobre economía colaborativo post COVID-19.

IBM también estimó que tras la pandemia 50% de las personas ahora querrán usar sus propios autos y no opciones compartidas.

Aunado a esta medidas, Uber anunció el recorte de 14% de su fuerza de trabajo, mismo caso que ha sucedido para Airbnb, al cierre del primer trimestre del 2020.

La firma de renta de alojamientos vía internet anunció el recorte de 25% de su fuerza laboral, es decir 3,700 personas.

“El tema de shared economies en las que hay un medio físico entre los usuarios finales siempre tienen este riesgo. Hoy gente tiene menos movilidad pues le afecta a Uber, y si la gente no viaja le afecta a Airbnb este medio se ve duramente afectado pero no el modelo en sí, este va a evolucionar. Airbnb puede empezar a sacar modelos de casas 100% sanitizadas o en Uber están buscando mecanismos para proteger más el vehículo para que el habitáculo de atrás sea más limpio y van a empezar a buscar creatividad para regresar la confianza a los usuarios a diferencia de cuando es una colaboración vía software en el que no hay nada físico que interactúe con ellos”, Jaime Sánchez, director de innovación de Fundary en entrevista.

Tanto Uber como Didi, por ejemplo dieron a conocer recientemente sobre nuevos controles de verificación de uso de cubrebocas para todos sus choferes y repartidores, para así elevar la confianza de los usuarios al tomar estos servicios.

Para consultoras como PWC, estos movimientos pueden reconfigurar a los unicornios emergentes de los últimos años de Silicon Valley; sin embargo, pese a estas bajas, la opinión que prevalece en torno a las tecnológicas es de crecimiento y una figura de habilitadoras ante la crisis, en especial, los servicios de TI como las videollamadas, los proveedores de procesadores y las plataformas de comercio electrónico, pese a que Amazon incurrió en altos costos de operación para satisfacer la alta demanda; sin embargo, en la región, MercadoLibre sumó tres millones de nuevos usuarios.