Política

Coronavirus causa daños sistémicos y es silencioso: enfermera

Coronavirus causa daños sistémicos y es silencioso: enfermera

Imelda Sevilla estudió la maestría de Letras Mexicanas en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, "mi línea de investigación actual son los encuentros y desencuentros entre la obra de Juan José Arreola y Juan Rulfo. Tengo 29 años y estoy de enferma de covid-19, como mis hermanos, de 27 y 24, como mi papá, de 55".

"Mi papá es médico. Por las mañanas trabaja frente a la Nueva Viga, muy cerca de la Central de Abastos; en las tardes, atiende a los trabajadores de limpia en Los Reyes, La Paz, al oriente del Estado de México. Contrajo el virus de sus pacientes y se ha encontrado bastante delicado de salud. Mis hermanos y yo también caímos enfermos", dijo la enfermera.

Mis padres fueron médicos rurales a lo largo de la Sierra Madre Oriental, principalmente en las reservas de Jalpan de Sierra, donde yo nací, y en parte de San Luis Potosí. Llevábamos una vida itinerante y de niña contraje malaria, dengue hemorrágico y otras enfermedades tropicales, pero a pesar de poseer esta información celular (escasa en la mayoría de la gente del primer mundo), mi sistema no ha podido erradicar al coronavirus: nada, ni la fiebre, ni los escalofríos, ni el dolor de huesos y de cabeza en el paludismo, ni el cansancio y el vómito en el dengue, se parecen a esto.

"El virus causa daños sistémicos y es silencioso. Me ha atacado lentamente, por mi edad, supongo. Ahora estoy mejor. Ya no me siento tan mal, solo estoy muy cansada. Pero en la crisis encontré que, además afectarme el olfato y el gusto, me cuesta trabajo comer: el estómago no soporta mucho. Uno vomita bastante. Mis articulaciones están inflamadas; también los dedos, hay una sombra morada, como de trombosis y venas azules en ellas. 

Agregó que los pulmones no trabajan a toda su capacidad, falta el aire y me canso fácilmente. La tos es seca, muy seca. Mi cuerpo solo quiere dormir, como me sucedió con el dengue y la malaria, y la fiebre persiste, junto con los escalofríos. Estoy con fiebre mientras redacto estas líneas.

Pero eso no es lo más preocupante, al parecer el SARS-CoV-2 ataca al sistema nervioso central y periférico. De pronto empecé a mirar todo como bajo un tono amarillo, que a veces se convertía en violeta, como si estuviera alucinando, pero no, estaba consciente; no era como con las alucinaciones del dengue y el paludismo. 

No era eso: el cerebro empieza a asustarse: no entiende qué pasa y se desespera. Por eso, quizá, parte del cuadro clínico tiene que ver con el suicidio. Los pacientes están fuera de sí. Se trata de una suerte de estado de alienación muy raro. Las cosas tienen un color bastante extraño bajo esta luz, mientras miro a la pantalla de la computadora. Además de mí, otros pacientes le refirieron esto mismo a mi padre. 

Yo no tuve pesadillas nunca, pero es curioso que otra gran parte de ellos narren sueños vívidos, que los confunden: algunas de esas mismas personas también presentan angioedema interno inusual. Quizá haya una relación, se parece a lo visto en enfermedades autoinmunes.

Han muerto varios de los pacientes de mi padre. Cargadores, hombres sanos que trabajaban en la Central y que no tenían el privilegio para dejar de hacerlo. Creo que es muy temerario que hablemos de “cierta” normalidad en el pico de la epidemia. O de regresar a la vida gregaria, incluso a distancia. 

"Llevo tiempo enferma y esto no se resuelve en mí: no se agrava, estoy mejor, pero algunos síntomas, como la tos, la disnea, la fiebre y el cansancio, tampoco se van. Son menos pero parecen ir y venir. Lo mismo pasa con mis familiares", dijo. 

No sé cómo sería para los demás. Tal vez el virus se irá del cuerpo hasta que uno desarrollé inmunidad. Tal vez no se vaya nunca. Por lo pronto todo infectado, aunque parezca haberse restablecido, puede estar asintomático y es peligroso.

De cualquier forma, de nada sirve preocuparse y especular: lo más importante ahora es conducirse de manera responsable: no salir, y mantenerse a la espera. Ser conscientes. El neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl dijo algo así: aún en los peores momentos, siempre puedes elegir cómo vas a actuar para afrontarlos. De nada sirve abonar a este clima enrarecido. 

Como lo han expresado algunos científicos, el virus tiene que autolimitarse en algún momento. Como la gripe. Escribo este testimonio alrededor de la enfermedad sin pretender ser alarmista, más bien intento explicarme estos días de sueños raros.

ledz