Opinión

Es tiempo de locos

Es tiempo de locos
Ya no se trata de buscar al siguiente unicornio tecnológico, sino a las y los inventores de soluciones y negocios nuevos, opina Francisco Hoyos Aguilera.

(Expansión) – ¿Quién iniciará con el primer laboratorio especializado en vigilancia de nuevos virus y la producción de nuevas vacunas? Los gobiernos harán los propios y, más vale, que puedan contar con instalaciones que puedan anticiparse la siguiente pandemia o al posible rebrote de esta última.

¿Quién desarrollará el nuevo modelo de banca, en la que los clientes podamos aspirar a créditos competitivos, menos comisiones y seguridad cibernética para acudir lo menos posible a la sucursal? ¿Quiénes abrirán nuevos hospitales regionales, comunitarios, a bajo costo, para un mercado que sufre siempre de problemas de salud? ¿Y alguien, por fin, podrá diseñar un sistema de drones para que podamos repartir comida de manera segura y eficiente?

La pandemia que sufrimos en estos momentos deberá traer consigo un impulso a la innovación, a la investigación y al desarrollo como nunca antes o no habremos aprendido nada de una inédita crisis sanitaria mundial que ya se extendió a la economía y a prácticamente todas las actividades humanas.

De acuerdo con los últimos reportes de los especialistas médicos, el coronavirus llegó para quedarse entre nosotros por un buen tiempo y corremos el riesgo de que para el otoño tengamos brotes de influenza estacional que se unan a una nueva corrida del virus que nos ha transformado como especie. ¿Estaremos preparados para entonces?

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Desde el sistema financiero y hasta la industria hotelera pasarán por momentos críticos para tratar de salvar el año de la pandemia y es probable que no lo logren si caemos en las mismas rutinas sociales de antes. Es decir, tendremos que adoptar medidas de higiene y de prevención nos guste o no y varios sectores económicos deberán ajustarse a ellas.

Y luego vendrá la manera en que debemos modificar nuestra idea global de capitalismo, herida de muerte por el COVID-19, que deberá incluir condiciones laborales, de salud pública, de educación y seguridad diametralmente distintas a las que conocemos, si no queremos que la próxima enfermedad colapse sin remedio cualquier noción de industria, ya sea de productos o servicios.

Uno de los obstáculos que ha prolongado el aislamiento social es la concentración de algunos grandes jugadores en sectores prioritarios y de impacto general como el farmacéutico, el transporte, las aerolíneas, las cadenas de supermercados y los hospitales privados.

Esa falta de competencia, que se suma a la concentración de capital en exceso para un número limitado de accionistas, ejerce una enorme presión que evita, paradójicamente, que aquellos en quienes están fundamentadas sus utilidades, trabajadores y clientes, podamos regresar a una cierta normalidad.

Porque no habrá vuelta atrás a partir de ahora. Pensar en que una vez que retornemos a los empleos, los centros comerciales (los que queden), los cines, los teatros e incluso las calles, nuestra vida será la misma es un error. Falta tiempo para abandonar las medidas de prevención y las acciones orientadas a que no nos contagiemos.

Sin embargo, esas restricciones pueden significar oportunidades jamás vistas para emprendedoras y emprendedores, pymes y micropymes. Ya no se trata de buscar al siguiente unicornio tecnológico, sino a las y los inventores de soluciones y negocios nuevos, a partir de conceptos que hasta hace unos meses podían considerarse simples locuras.

Esas y esos lunáticos, profesionales en pensar afuera de la caja, disruptores consumados, pueden ser las personas que nos ayuden a construir un mundo diferente, justo el que necesitamos para sobrevivir en un planeta afectado por el cambio climático y cuyos recursos más valiosos no son los metales, la energía fósil o el papel moneda, sino el agua, el terreno, la luz y el aire limpio, bajo la consideración de que no somos los dueños del globo, solo unos pésimos invitados que se creían con derechos adquiridos hasta que un microscópico virus nos recordó que en nuestro paso por la Tierra no hay nada seguro.

Nota del editor: Francisco Hoyos Aguilera es Especialista en comunicación. Graduado del Tec de Monterrey con una maestría en la Universidad Iberoamericana. Fue reportero en el diario Excélsior y en la corresponsalía de The New York Times en México. Lleva dos décadas en la comunicación pública y privada. Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor. Síguelo en Twitter y/o LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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