Opinión

El gobierno y los empresarios ante el reto de la pobreza

El gobierno y los empresarios ante el reto de la pobreza

Nota del editor: Juan Carlos Núñez Martínez es profesor decano de Entorno Económico de IPADE Business School. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

En México es ampliamente sabido que el problema de la pobreza es mutifactorial, pues tiene que ver con temas sociales, económicos, políticos y culturales. Cuando una persona se siente pobre, lo que hace es estirar la mano para recibir lo que otros le den. En ese momento se crea un dependiente.

Para que una persona pueda desarrollar sus capacidades y satisfacer sus necesidades primordiales para vivir dignamente, necesita un empleo. Ante el reto de la pobreza en la que actualmente se encuentra más de la mitad de los mexicanos, el único camino de solución es generar crecimiento económico que permita crear empleos, que vayan subiendo en calidad y en armonía con las tendencias del mercado internacional y el uso de nuevas tecnologías.

Para muestra, es posible revisar el trabajo de la Commission on State Fragility, Growth and Development, de la Universidad de Oxford y la London School of Economics, sobre los estados miembros de la ONU. Actualmente, 194 Estados son miembros, pero una buena parte de ellos son incapaces de proporcionar lo más elemental: seguridad, servicios públicos, oportunidades de empleo. Son los llamados “Estados frágiles” afectados por la corrupción o por la ausencia de estado de derecho.

Según la OCDE, solo en 2016, la ayuda oficial al desarrollo de estos 27 países ascendió a 35,000 millones de dólares. Pero, como reconoció el exprimer ministro británico David Cameron, quien ha presidido dicha Comisión, “la triste realidad es que algunos de estos países, tras recibir ayuda durante décadas, siguen siendo tan pobres como antes, y algunos más. Hemos de reconocer que a menudo se ha malgastado el dinero”. Para Cameron esto no es un motivo para cancelar la ayuda, pero sí para cambiar el modo de emplearla.

¿Cómo aprovechar este ejemplo en el caso de México? La administración federal actual ha planteado que pretende destinar en este sexenio cerca de 280,000 millones de pesos en programas sociales. Cabe destacar que organismos internacionales como la CEPAL han visto con buenos ojos las políticas sexenales, en particular el programa de apoyo a los adultos mayores y el programa para los jóvenes, los cuales consideró viables financieramente y necesarios para reducir la desigualdad e impulsar la economía a mediano y largo plazo. Y en específico el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, lo consideró fundamental porque tendrá un impacto en el largo plazo para enfrentar la era digital.

Así arrancó AMLO la entrega de apoyos para adultos mayores
Como este programa, que habrá de fondearse de la mano del empresario, todos los demás requieren necesariamente de la inversión pública. Pero en este punto es fundamental aclarar que el combate a la pobreza o el impulso a la inversión y a la productividad no pueden ser tareas exclusivas del gobierno. Por ello, se ha visto que la iniciativa privada ha asumido un rol proactivo muy positivo y junto con el gobierno acordaron trabajar proyectos bajo la bandera de la confianza, lo cual significará una opción real para mejorar el nivel de vida de los mexicanos.

Los programas sociales son útiles, pero no resolverán el problema de la pobreza. La alternativa verdadera está más en el sector privado, en el desafío de integrar a la población en situación vulnerable a cadenas productivas. Que artesanos de comunidades en situación de pobreza, por ejemplo, sean eslabón en la cadena de suministro de una empresa pequeña, mediana o grande.

El gobierno puede generar empleos pero solo la empresa genera empleos productivos de valor económico agregado. El gobierno es responsable de una parte fundamental: dar paz y seguridad. Si da esto, estamos en un ambiente en el que se podrán generar empleos y en el que las empresas podrán ser puente entre la población más pobre y las condiciones que les permitan trabajar.

El rol que jugará la iniciativa privada es y seguirá siendo crucial. La responsabilidad social de los emprendedores y de las pequeñas y medianas empresas es esa, brindar opciones de negocio que puedan integrar en la cadena de producción a las poblaciones más pobres del país, para que puedan salir de la pobreza por sí mismas.