Opinión

Del circo digital en las videollamadas

Del circo digital en las videollamadas
Las personalidades de los usuarios se podrían analizar e incluso estereotipar a manera de sátira por aquellos errores cometidos que bien pudieron ser prevenidos, señala Carlos Ramírez.

(Expansión) – La pandemia que estamos viviendo nos ha dejado un punto claro sobre el uso necesario de las tecnologías de información y comunicación como herramientas de uso cotidiano para desempeñar diversas labores, ya sea como trabajo e incluso como ocio y escaparate de la realidad atiborrada de contenidos preocupantes por todo tipo de medios.

El empujar a una sociedad mexicana carente de conocimiento en temas que deberían estar incluidos en los apartados de TIC desde nivel básico y con un refuerzo en todos los niveles educativos, como la netiqueta, la cual es base para una convergencia y convivencia armónica entre usuarios, con un conjunto de buenas prácticas al momento de la interacción digital.

Ese cúmulo de defectos y virtudes que somos los seres humanos se ve trasladado a un plano complemente digital al convertirnos en usuarios, siendo estandarizados en un punto de igualdad entre otros a la par, al momento de tener una interacción a la distancia; sin embargo, ante lo mencionado de la carencia en materia digital, se ven reflejados los defectos de una sociedad reacia al avance tecnológico, trayendo consigo problemas notorios que alimentan a la brecha digital fuera de las condiciones económicas para el acceso a la tecnología.

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Las personalidades de los usuarios se podrían analizar e incluso estereotipar a manera de sátira por aquellos errores cometidos que bien pudieron ser prevenidos. Para ello hagamos mención de algunos sucesos simples dentro las aplicaciones de videollamada, que se han posicionado como una necesidad para diversos sectores.

El hecho de olvidar apagar el micrófono y convertirse en el centro de atención al dejar escuchar comentarios ofensivos o fuera de lugar hacia los otros usuarios y los descuidos de la cámara allegados a la locación donde se encuentra la transmisión se pueden convertir en material para un nuevo video viral de descuidos en el entorno. O simplemente el no poder llevar a cabo un ejercicio de comunicación fluido al no poner un orden y control de la sesión que resulta en algo hartante para los demás usuarios.

Los docentes siempre hemos tenido un reto al estar inmersos en la educación a distancia, el hecho de poder tener un correcto manejo, una infraestructura apta para el desempeño de labores y sobre todo desarrollar una conciencia sobre temas digitales de pertinencia es una necesidad, cosa que para muchos de los docentes acostumbrados a lo tradicional y reacios al avance tecnológico se hace indistinto el uso de las TIC, trayendo con este tipo de pensar un problema trasladado y reflejado a los alumnos.

El nuevo paradigma de una sociedad que convive a la distancia deja en claro que se requieren adecuaciones tecnológicas y sobre todo una concientización para los usuarios en dos perspectivas, como alumnos y como maestros, cada uno con sus respectivos retos a identificar e intentar homologar para el cuerdo desempeño de toda labor.

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Queda otro punto claro, los nativos digitales, esos niños que muchos afirman nacieron con el teléfono en la mano, están estrechamente relacionados con la forma intuitiva de cómo utilizar la tecnología, siendo los guías de muchos usuarios mayores para colocarles la aplicación de moda para realizar videollamadas. Este último planteamiento está muy lejos de poder ejemplificar o contrastar un buen uso con parámetros de ciberseguridad que podría desbocar en un daño notorio mayor reflejado en el mundo real.

Se ha convertido en todo un circo de personalidades digitales el hecho de estar frente a un dispositivo y una cámara interactuando con otros, entre risas por el escarnio que llega a redes sociales, entre llanto por el desconocimiento de uso o limitación por brecha digital particularmente en edad para los usuarios responsables de tener que alojar una sesión.

Nota del editor: Carlos Ramírez Castañeda es especialista y apasionado por el Derecho Informático, particularmente en ramas de Ciberseguridad, Cibercriminalidad y Ciberterrorismo. Tiene un Máster en Derecho de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicaciones de Santiago de Compostela España, Doctor en Administración y Políticas Públicas de México. Es colaborador de diversas instituciones académicas y gubernamentales, profesional siempre interesado en temas de ciberprevención particularmente con sectores vulnerables. Síguelo en Twitter como @Ciberagente . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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