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La bici, la opción en Colombia para reconstruir tejido social dañado

La bici, la opción en Colombia para reconstruir tejido social dañado

México y Colombia comparten muchas problemáticas sociales, en especial, la violencia. Ambos países conocen bien los estragos que deja cuando ésta, es ejercida por grupos de la delincuencia organizada en contra de la población.

Para colombianos y mexicanos, mencionar nombres como el de Pablo Escobar o Joaquín El Chapo Guzmán, evoca recuerdos similares... delincuencia, miedo y peligro.

En particular, Bogotá, la capital del país sudamericano, padeció graves problemas de violencia por décadas hasta hace poco más de 10 años, cuando llegó el acuerdo de paz y las condiciones empezaron a mejorar. Aunque, en voz de sus habitantes, aún hay mucho trabajo por hacer.

En la actualidad, los cacahacos como se le conoce a los habitantes de la capital colombiana, intentan reparar el tejido social dañado a través de la implementación de una cultura de la bicicleta en la ciudad. 

Las heridas comienzan a sanar

Están convencidos que la bicicleta es mucho más que un medio de transporte, para ellos es una herramienta efectiva que ayuda a transformar la ciudad y la calidad de vida de sus habitantes.

Comienzan a quedar atrás los recuerdos dolorosos de bombas detonadas en lugares públicos, atribuidas a grupos del narcotráfico y los secuestros de la guerrilla armada. Ambos con decenas de muertos y heridos a cuestas.

En cambio, se han construido 540 kilómetros de ciclorutas, como se les conoce a los carriles exclusivos para bicicletas, consolidándose como la red más extensa de toda América Latina. En comparación, Copenhage capital de Dinamarca, considerada el centro mundial de la bicicleta, tiene 746 kilómetros.

Bogotá, también es la ciudad latinoamericana con más viajes realizados en bicicleta al día, con una media de 800 mil, de acuerdo con la secretaría de movilidad local consultada por MILENIO.

Esta cifra equivale a un 65% más que los viajes realizados en 2005 y un 20% más que en 2015.

Niños acuden al colegio, policías patrullan las calles, mecánicos se ganan la vida en talleres especializados, deportistas madrugan para conquistar los mejores tiempos y ejecutivos llegan a importantes reuniones en sus oficinas. El uso de la bicicleta es algo completamente normalizado.

A finales de los años 90 sólo el 0.1% de los bogotanos se movilizaban en bici y lo hacían principalmente, impulsados por un beneficio económico que le representaba el ahorro de casi dos salarios al año. En cambio, en la actualidad el 6.5%  usa la bici para ir al trabajo, de acuerdo con las autoridades.

Tal incremento significa que por cada dos personas que viajan en carro hay una que va "en su caballito de acero", como le llama a la bicicleta Enrique Peñalosa, Alcalde Mayor de Bogotá.

No importa la condición social, todos los estratos se reúnen en una cicloruta o en la ciclovía, como le denominan a un paseo dominical similar al que se realiza en la avenida Reforma de la Ciudad de México.

"Creemos que los ciudadanos que se mueven en bicicletas son unos héroes cívicos, están ayudando a que haya menos tráfico, a que haya menos casos de (mala) salud, a que haya menos contaminación, entonces hay que protegerlos", explicó Enrique Peñalosa.

Desde hace años con la llegada de la cultura de la bicicleta, los capitalinos, empiezan a reclamar de nuevo el uso del espacio público, a salir a las calles, a buscar tener una vida más sana. Es decir, a reparar el tejido social.