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'Mujeres a coro': cursi como música pop | Crítica de cine

'Mujeres a coro': cursi como música pop | Crítica de cine

Cuando uno está por despedirse de alguien a quien quiere mucho, fácilmente se ve asaltado por la idea falsa de que peleando el adiós será más simple.

Al inicio de Mujeres a coro la protagonista, Kate (interpretada por Kristin Scott Thomas), se inventa una discusión absurda con el marido que está por irse a pelear a Afganistán. Kate es esposa de un coronel que guarda un secreto doloroso. Imposible de superar.

Poco a poco la narrativa del director Peter Cattaneo (creador de la celebrada The Full Monty) va revelando el carácter de esta mujer. Aprendemos entonces que, además de peleonera, hay en ella cierto orgullo y entereza que la vuelven entrañable. Kate vive en una base militar. Se mueve en ella como una reina. Se siente superior a las esposas de otros soldados y, claro, tiene problemas con ellas. El caso es que, como evidencia el título, cuando los militares son desplazados para guerrear en Afganistán, Kate decide formar un coro con las esposas de los compañeros de su marido. Para ello tiene que aliarse con otra mujer que sabe que, cantando, es más fácil decir adiós.

Basada en un hecho real, Mujeres a coro se desarrolla en torno a las aventuras de Kate en el coro dichoso. Y aunque, durante el inicio y el final, la película confirma la impresión de que hay algo aquí de propaganda imperialista, resulta cierto aquello de que no toda propaganda es deleznable. De hecho, la película deja un agradable sabor de boca, sobre todo por el duelo entre Kate y su némesis, Lisa, interpretada por la irlandesa Sharon Horgan.

La lucha entre los personajes se transforma también en una lucha por apoderarse de la pantalla. Y en este sentido la película funciona tan bien que de pronto se encuentra uno tarareando las canciones y divertidamente involucrado en las desventuras de estas esposas de militar que resultan ser mujeres rudas y patrioteras. De esas que se lanzan verdades incómodas, pero pueden, también, macerar amistades a la altura de una comedia inglesa. Una de esas comedias más hecha de sonrisas que de carcajadas.

Es cierto, la ganadora en este duelo de actuación es Kristin Scott Thomas, pero Horgan da batalla. Enternece y entretiene con su personaje de mamá sola y atribulada. Así, desde el punto de vista formal, la película tiene este acierto: termina por ser justamente como una de esas canciones que canta el coro. Las dos solistas, por ejemplo, sacan adelante el tema y se lucen, sí, pero los personajes secundarios resultan tan importantes como las voces de apoyo. Entre ellas destaca la historia de una mujer recién casada, otra que hace tiempo que es viuda y la infaltable representante del colectivo LGBTQ+, una simpática mulata que, a pesar de sus esfuerzos, no consigue afinar.

El chiste en películas como ésta estriba en lo sencillo del conflicto. Al igual que en Los coristas (y tantas otras), la historia gira en torno a un grupo de personas comunes que tiene que realizar un acto “de arte” durante el clímax de la película. En este caso las esposas militares cantan en el famoso Albert Hall de Londres. Y aunque resulta evidente lo que va a pasar, Mujeres a coro funciona como funcionan las canciones pegajosas que cantan para olvidar la soledad que les dejan sus parejas. La composición colectiva de nuestras heroínas no sólo es el momento climático, es la representación viva de lo que esta película es: una obra simple que no carece de encanto. Una canción un poco dulce y cursi, justo como esta película. Lindilla. Como música pop.

ÁSS