Cultura

Entre el riesgo y la inconsciencia relanzaron una sociedad lectora que nació muerta

Entre el riesgo y la inconsciencia relanzaron una sociedad lectora que nació muerta

Los 200 años de la Sociedad Pública Lectora, fundada por Joaquín Fernández de Lizardi —que por cierto fracasó al poco tiempo—, merecieron la primera reunión presencial de autoridades federales y locales para conmemorarla, para hablar sobre el fomento a la lectura y llamar a la población a adquirir el hábito de la lectura, porque leer “está asociado al canto, cuando alguien lee está cantando y cuando alguien canta lleva en su voz un libro, cuenta el camino de las palabras” , porque “la verdadera felicidad requiere nutrimiento espiritual” y porque “leer no da Coronavirus”. ¡Nombre! ¡Qué bonito! El secretario de Cultura de la CDMX —cargo en el que estuvo hasta ayer porque ahora es el secretario de Gobierno de la Ciudad—, la Jefa de Gobierno, la presidenta del Consejo honorario de Memoria Histórica y esposa del Primer Mandatario, la subsecretaria de Cultura, el Coordinador de Memoria Histórica, y el director general de Bibliotecas, ora sí se lucieron. Sin embargo, ¿para tan noble llamado valía la pena arriesgar a personal del recinto, a periodistas y a ellos mismos por salir en plena alerta en la Ciudad de México ante el crecimiento de ocupación hospitalaria? ¡Qué más da! La lectura merece eso y más, eso es liderazgo y visión, caray. Sin ánimo de ser aguafiestas, les dejamos unos datitos a considerar: 50% de las librerías independientes no podrá reabrir después de la pandemia según cifras de la Asociación de Librerías de México, 70 % de las librerías asociadas a la Red de Librerías Independientes afrontan graves problemas ante la caída de ventas, y la pandemia ha evidenciado la debilidad de la industria editorial nacional, según la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana. Y de las bibliotecas públicas ni hablamos, hasta Marx Arriaga, director general de Bibliotecas dijo hace unos días que estaba cansado del abandono de la red nacional de bibliotecas y de que se les considerara “el escalón más bajo de los presupuestos destinados a la cultura y la educación en este país”. ¡Pero que viva la fracasada Sociedad Pública Lectora!

Y las bibliotecas en la Ciudad de México son tierra de nadie

El pasado 17 de julio en la Gaceta de la Ciudad de México se publicó la decisión que había tomado la jefa de Gobierno de la Ciudad de México de que las bibliotecas de la capital abrirían sus puertas ayer domingo para ofrecer el servicio de préstamo bibliotecario; en la Gaceta se precisaba que abrirían al 30% de su capacidad cumpliendo las medidas sanitarias, y que los usuarios podrían permanecer en estos espacios por un máximo de 40 minutos. Sin embargo, lo escrito en el papel no se cumplió en la realidad, y los funcionarios de Cultura, local y federal, se pasaron la bolita de una a otra oficina; la confusión no estaba sólo en la fecha de reapertura de los espacios, pues la capital se mantiene en el semáforo naranja de la contingencia, sucede que ni entre la secretaría de Educación y Cultura local tenían claro ni de quién dependen los recintos. La gente de la Secretaría de Cultura local señaló que la encargada es la Dirección general de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura Federal, que a su vez aseguró que no, que quien administra las bibliotecas capitalinas es la secretaria de Cultura local, cuando en realidad están a cargo de la Secretaría de Educación de la Ciudad. Al final, no hubo largas filas de lectores esperando por un libro de algunas de las 300 bibliotecas de la capital.