Cultura

El arte racista convierte a los museos en guetos: Avelina Lésper

El arte racista convierte a los museos en guetos: Avelina Lésper

La tendencia del arte contemporáneo es “analizar” las obras desde los “aspectos fisionómicos” de los artistas, la reflexión será “etnizar el arte y sus expresiones esenciales de raza”. Regresamos al denigrante racismo científico, ahora lo edulcoran como “racismo positivo” para hacer “visibles a los invisibles” y la contradicción es que actúan desde la estigmatización y el señalamiento. 

El análisis no será por las cualidades y características estéticas de la obra, será si el artista es: “étnico, afroamericano, marginal o mujer”. En esta ideología de moda ser mujer nos pone atrás de los marginales. El racismo científico es parte de las pseudociencias. Surgió para dar argumentos al racismo, que señala al origen biológico, geográfico, raza y género como causa de las diferencias intelectuales, morales y emocionales de las personas.

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Este racista criterio curatorial afirma que la “biología” de una persona produce arte o cultura, regresando a clasificar al individuo por características, que carecen de objetividad porque mezclan religión. Es como pensar que un indígena pinta de determinada manera por el color de su piel, no por una decisión intelectual y estética de lenguaje.

La estratificación de las razas, la insistencia de que sigan existiendo y sean notorias, rechaza el mestizaje, legitima las diferencias para mantener la segregación, negando la libertad personal de pensar, decidir y hacer fuera de un ámbito superficial como la apariencia física, condenando al individuo a no salir del rango que le ha sido asignado. Las salas de los museos se convertirán en guetos, confinarán al arte femenino, o “nuevos feminismos”, “arte gay”, “arte indígena contemporáneo”, impidiendo la integración que aporta reunir a las obras que demuestren maestría y lenguaje poético, sin importar si están realizadas por una mujer, un hombre o quién sea.

El arte es el lugar en donde se deberían resolver las diferencias y las inequidades, y no al contrario. Ahora el arte es para señalarlas como barreras infranqueables, impidiendo un mestizaje creativo que sume las distintas formas de ver el mundo. Al realizar, por ejemplo, una exposición colectiva de paisaje, el tema une las búsquedas y observamos las obras sin separar las de mujeres, de indígenas o de personas LGBT, y rompemos las barreras.

Los abanderados de las modas ideológicas, la corrección fascista, impone un criterio curatorial que la ciencia ha desechado, que únicamente mantienen los grupos supremacistas. El racismo curatorial decide las diferencias para clasificar a los individuos, y por supuesto, los curadores están en la cúspide de la pirámide, el siguiente paso es que hagan salas de artistas ricos y salas de artistas pobres.

ÁSS