Cultura

Adiós, Juan Heladio

Adiós, Juan Heladio

Juan Heladio Ríos: si pudiéramos encontrarnos, de preferencia en tu imperio cinematográfico en el Tianguis Cultural del Chopo o en el café Jekemir, ahora que has dejado este mundo —lo que me causa una tristeza profunda—, seguramente me dirías: “¡No chingues, pinche Xavos, no es para tanto! ¡No mames, nadie es eterno!”.

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Cuando leí el aviso en el Facebook de David Cortés durante varios minutos pensé que no era verdad que habías muerto, sobre todo porque apenas unos días antes habías escrito en el mismo medio: “Estimados amigos: el sábado abriré mi puesto. ¡Los esperamos! Lleven la lista de filmes que me solicitaron por pedido. Si no alcanzo a llegar de todos modos Barón y el Dany estarán atendiéndoles todo el día. Abrazos a todos.

“Si no alcanzo a llegar… Abrazos a todos”. En ese momento no me imaginé que con estas frases te estabas despidiendo, cómo iba a pensarlo. Al partir dejas en el mundo a mucha gente que sabe que perdió a un amigo, un confidente, un maestro, un guía y lo que se te ocurra. “Gurú” es la palabra que más abunda en los mensajes de dolor de quienes te conocieron, lo cual te causará, no lo dudo, una carcajada.

Luego de charlar rodeados de las películas de todos los géneros y épocas con las que vacunaste de pasión a varias generaciones de choperos, me retiraba de tu puesto en un estado de paz. Discusiones, sí, pero altercados, jamás. Ya fuera que hubiéramos hablado de Miles Davis y el free jazz, las películas de Godard y la sensualidad de Jeanne Moreau o de los amigos que se habían adelantado en el viaje —tu gran congoja— y los que estaban enfermos —tu preocupación sincera—, la visita concluía con una sonrisa que denotaba que sabías disfrutar de la vida, incluso con sus sinsabores.

Me has hecho recordar a Julio Cortázar, quien en su delirante obra Un tal Lucas, a través de un alter ego, escribe que a menudo piensa que “más allá de los cincuenta años empezamos a morirnos poco a poco en otras muertes”. Por eso, cuando falleció Jean Cocteau, afirmó: “Un pedazo de mí caía también muerto sobre los manteles, entre las frases convencionales”.

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Ya no escucharemos tus charlas que se alejaban de lo convencional, aunque no dejáramos de hablar de temas triviales. Te debo enseñanzas, pero sobre todo saber que siempre practicaste el noble arte de transmitir la amistad, el afecto, la reciprocidad. Por allá nos veremos, Juan.

CODA

DESTINO DE UN LEGADO CULTURAL

Esperemos que las películas, los libros, discos y las revistas que atesoraste con rigor y un gusto selectivo caigan en buenas manos, que circulen y contribuyan a despertar conciencias, como seguramente hubieras querido.